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Viernes, 16 de octubre de 2026
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Quebracho Noticias

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Una pulseada por la Concha que se vive con mate en la mano y la pantalla del Kursaal como palco

Glaxo y Mis muertos tristes dirán presente en la competencia principal del Festival de San Sebastián, que también tendrá a Ricardo Darín, un documental de Benjamín Naishtat y varias películas argentinas repartidas por casi todas las secciones.

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Mónica AguirreCultura y espectáculos · · 3 min de lectura
Una pulseada por la Concha que se vive con mate en la mano y la pantalla del Kursaal como palco

A esta altura ya me crucé con más de un habitué del Kursaal que me dice, con ese tono de quien revolea los hombros como si nada, que esta edición del Festival de San Sebastián le parece “la más argentina de los últimos años”. Y la verdad es que, después de mirar la programación con detenimiento, uno termina dándoles la razón: la presencia nacional no se limita a un par de películas simpáticas en la sección chica, sino que se mete de lleno en la pelea por la Concha de Oro, donde dos producciones con sello argentino se sentarán frente a frente en días consecutivos.

La primera de esas películas es Glaxo, la nueva apuesta de Benjamín Naishtat, que vuelve a cruzarse con Lali Espósito después de la experiencia de Puan y que arriba al Kursaal luego de su paso por Toronto y con la mira puesta en Londres. Se proyecta el domingo en la sala principal del Kursaal, en lo que promete ser una de esas funciones donde uno escucha cómo se acomoda la butaca antes de que arranque la primera escena.

Dos películas, dos días seguidos

El lunes será el turno de Mis muertos tristes, una coproducción con Chile que lleva la firma de Pablo Larraín y que reúne a Mercedes Morán y Dolores Fonzi en un elenco pensado para levantar cejas en el photocall. La historia nació del libro que escribió Mariana Enríquez, y la autora también viajará a San Sebastián para acompañar la proyección. Quienes estén en la sala verán un montaje en formato de largometraje, distinto del que el 24 de septiembre desembarcará en Netflix como una miniserie de cuatro episodios.

Otra presencia fuerte es la de Ricardo Darín, que se dejará caer por el festival para presentar Lo dejamos acá, la película que protagoniza junto a Diego Peretti y que tendrá su estreno mundial el martes en el marco de San Sebastián. El estreno en streaming está previsto para el 16 de octubre, pero antes de subirse al avión de vuelta a Buenos Aires, Darín tendrá su noche. Eso sí: me apena confirmarles que esta función será la única oportunidad de verla en pantalla grande, porque la película no pasará por las salas argentinas.

Una red de secciones con ADN bien nuestro

La movida argentina no termina ahí. En Zabaltegi-Tabakalera, la sección que suele funcionar como vidriera de riesgo, abrirá el documental Pedro en el país, dirigido por el propio Naishtat junto a María Alché. A ese título se suman A veces me entra tristeza, otras veces rebelión, de María Aparicio, y El fantasma, de Ignacio Masllorens y David Lamelas. Como plato fuera de competencia, Albertina Carri llegará con Cine vivo, un artefacto, un cruce entre corto, libro y performance que ya genera expectativa en la prensa española.

  • Horizontes Latinos: Viajes y placeres (Mariano Luque), La ilusión de un verano sin fin (Alessandra Sanguinetti) y El tren fluvial (Lorenzo Ferro y Lucas A. Vignale).
  • Foro de Coproducción Europa-América Latina: cinco proyectos argentinos buscarán respaldo para terminar de rodar.
  • Gala en el Kursaal: el sábado 18 de septiembre, antes de la competencia, abrirá la edición 74 con Geister, de Fati, y un repaso por el cine vasco que ya calienta motores.
“Lo que más llama la atención es cómo el cine argentino dejó de conformarse con un solo casillero en un festival y hoy aparece en todas las secciones, desde la pelea grande hasta los laboratorios.”crítico consultado en los pasillos del festival

Para mí, que cada año me siento en esa plaza que mira al Kursaal a tomar un café antes de las funciones, esta edición tiene una perlita extra: ver a Naishtat abriendo dos frentes en un mismo festival, el de competencia y el de Zabaltegi, confirma que el director de Rojo se convirtió en una especie de embajador del cine argentino en las plazas grandes. Y, como me dijo un señor con barba candado que vio las dos funciones, mientras nos cruzábamos camino al Monumento al Oso y el Madroño: “Hermano, esta vez nos sobran motivos para quedarnos hasta el lunes.”

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Mónica AguirreCultura y espectáculos

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