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Viernes, 16 de octubre de 2026
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Una road movie porteña filmada con la inocencia de un malambista de nueve años

El debut como director de Toto Ferro, compartido con Lucas Vignale, llega al Lugones y al Malba tras pasar por la Berlinale, San Sebastián y Nueva York. Milo Barría, su protagonista, viaja solo por una Buenos Aires que solo conoce del cine.

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Mónica AguirreCultura y espectáculos · · 4 min de lectura
Una road movie porteña filmada con la inocencia de un malambista de nueve años

Lo conocí a la salida del cine, mientras acomodaba la bufanda y todavía con los ojos húmedos. "Yo vine por el chico del malambo, no esperaba terminar llorando de esa manera", me dijo una mujer de unos cincuenta y tantos, con un saco rojo, mientras esperaba el colectivo sobre la avenida. Le contesté que a mí me había pasado algo parecido, y nos quedamos charlando unos minutos bajo la marquesina, como si la película todavía nos tuviera agarrados de la manga.

Vine a enterarme de que la película se llama El tren fluvial y que acaba de aterrizar en Buenos Aires después de un periplo internacional que arrancó en la Berlinale, siguió por el Festival Internacional de Cine de Uruguay y recaló en el New Directors/New Films que organizan el MoMA y Film at Lincoln Center en Nueva York. En la Argentina compitió en el BAFICI, donde se llevó una mención especial de FEISAL, y también pasó por Horizontes Latinos en San Sebastián. Desde el 8 de octubre se proyecta en la Sala Leopoldo Lugones y desde el 10 en el Malba, dos paradas que la traen de vuelta a casa.

Un viaje en clave baja, con casi una llave

Lo que me interesa remarcar, y se los digo porque soy de los que opinan que cada película es un mundo, es que acá no hay grandes escenas de acción ni una banda sonora que apabulle. El film es el debut como director de Lorenzo Toto Ferro, escrito y codirigido junto a Lucas Vignale, y propone algo más modesto y por eso mismo más: acompañar a un nene de nueve años, que practica malambo y carga con las expectativas de su familia como futuro bailarín, en su decisión de subirse solo a un tren y conocer una Buenos Aires que hasta ahora solo conoce por el cine.

El protagonista es Milo Barría, a quien los directores fueron a buscar a General Madariaga mientras trabajaban en otro proyecto. Tenía ocho años y bailaba malambo. Ferro contó que de ese encuentro salieron elementos centrales del personaje: la relación con la danza y una idea sobre los trenes que acercó el propio chico. Elenco adulto lo completan Rita Pauls, Mariano Barría y Fabián Casas, que se prenden a la propuesta sin robarle el centro de la escena al nene, que es donde tiene que estar.

Cómo se hace una película con un niño de nueve años

  • Compartían hotel durante el rodaje y cada noche charlaban sobre las escenas y revisaban lo grabado antes de armar la jornada siguiente.
  • De esas conversaciones podían surgir escenas nuevas, así que el guion nunca quedó cerrado del todo.
  • Con Milo alternaban tomas y juegos para sostener su atención.
  • Buscaban distintas maneras de mantenerlo concentrado sin forzarlo a actuar como un adulto.
  • La dinámica permitió que el personaje creciera junto al actor durante la filmación.

Ahora, lo que a mí me parte el corazón cada vez que lo pienso, y se los confieso porque soy de las que se enganchan con estas cosas, es que esta premiere porteña llega sin Lucas Vignale. Falleció el 14 de junio, a los 28 años, en un choque de dos helicópteros en Río de Janeiro, después de haber acompañado a Ferro en la presentación de Nueva York. Para el actor y director, seguir exhibiendo la película es una manera de mantener vivo algo de lo que fue, y a mí esa frase me parece de las más honestas que escuché en mucho tiempo.

La verdad es que no hace falta ser padre ni madre para conmoverse con esta historia. Cualquiera que alguna vez haya querido subirse a un transporte público y perderse un rato por la ciudad, sabiendo que en casa lo esperan con cara larga, se va a sentir identificado con este malambista que decide, casi sin pedir permiso, ganarse su propia película de Buenos Aires. Por eso me parece una alegría que vuelva a verse en pantalla grande, y no solo en festivales: porque hay cintas que están hechas para esa sala oscura con olor a pochoclo y a butaca de pana, y esta es una de esas.

“Yo vine por el chico del malambo, no esperaba terminar llorando de esa manera.”Espectadora a la salida de la sala
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Mónica AguirreCultura y espectáculos

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