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Viernes, 16 de octubre de 2026
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Una serie incómoda, dos leyes y un pasillo del Senado que la miró de reojo

La segunda temporada de "Los ensayos", el programa de Nathan Fielder, puso el dedo en una herida que terminó moviendo a la política estadounidense: cómo se evalúa la salud mental de los pilotos comerciales. El Senado ya dio su paso. Falta la Cámara.

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Mónica AguirreCultura y espectáculos · · 3 min de lectura
Una serie incómoda, dos leyes y un pasillo del Senado que la miró de reojo

Lo escuché a la salida del cine, mientras la gente se acomodaba los abrigos y comentaba lo que acababa de ver: "Menos mal que a alguien se le ocurrió meterse ahí". Lo dijo una señora que se reía todavía, pero con cara de pasmo, la misma cara que se me quedó a mí cuando entendí adónde iba la segunda temporada de "Los ensayos", la serie de Nathan Fielder que en abril pasado abrió un agujero inesperado en un tema que parecía técnico y terminó sacudiendo al Senado de Estados Unidos.

Una pregunta simple que incomodó a todos

La pregunta de la que partió la temporada fue, sobre el papel, bastante modesta: ¿cómo se reduce la cantidad de accidentes de aviación? Para contestarla, Fielder se metió de lleno en el universo de los pilotos comerciales, en sus manuales de entrenamiento, en los consultorios donde cada cierto tiempo tienen que demostrar que están aptos para volar. Lo que fue encontrando, episodio a episodio, fue lo que a esta altura ya sabemos: que personas con cuadros claros de ansiedad o de depresión podían sortear los controles y quedarse con la habilitación para ponerse al mando de un avión con pasajeros a bordo.

  • El programa mostró que los protocolos médicos vigentes permiten que pilotos con síntomas de ansiedad o depresión sean declarados aptos.
  • Fielder llevó la experiencia al límite y, con un diagnóstico ambiguo en la mano, consiguió la habilitación para pilotar un Boeing 737 con actores como pasajeros.
  • La serie se estrenó en abril de 2025 y se transformó en una herramienta de presión dentro del Congreso.

El broche fue de manual. Con un diagnóstico gris en el bolsillo, Fielder se sentó en la cabina de un Boeing 737 y despegó con actores como únicos ocupantes. No hace falta spoiler para entender el cuadro: lo importante es que ese viaje quedó en la pantalla, pero también en la cabeza de mucha gente que tiene poder de decisión.

De la pantalla al escritorio de un senador

En los meses que siguieron al estreno, colaboradores de distintos congresistas empezaron a mencionar la serie en sus reuniones de trabajo. La usaban como argumento mientras empujaban una reforma que ya estaba dando vueltas desde 2024, cuando varios organismos dedicados a la salud mental le habían pedido a la Administración Federal de Aviación que revisara sus criterios de aptitud. Lo que hizo la serie fue, en buena medida, ponerle cara y nombre a un debate que venía técnico y lejano.

El resultado llegó en septiembre, cuando el Senado aprobó por unanimidad dos proyectos de ley, uno por cada partido, orientados a dos cosas bien concretas: reforzar los protocolos de atención psicológica para los pilotos y, sobre todo, facilitar que quienes lo necesiten pidan ayuda sin tener la sensación de que están firmando el final de su carrera. Todavía falta la votación en la Cámara de Representantes para que la normativa se convierta en ley, pero el guiño del Senado fue tan contundente como llamativo: nadie votó en contra.

“No sé si sirvió de algo, pero me agrada oírlo.”Nathan Fielder, consultado por Deadline

La pregunta que sigue abierta

Cuando se le preguntó por el papel que pudo haber tenido su programa en todo este movimiento, Fielder eligió la cautela: dijo que no estaba seguro de que la serie hubiera servido de algo, aunque le hacía bien escucharlo. Es una respuesta típicamente suya, medida y con un punto de ironía, casi como pidiendo disculpas por haber complicado la vida de más de un funcionario.

Lo cierto es que el caso vuelve a abrir un debate que, cada vez que aparece, incomoda: hasta dónde puede llegar el impacto de una producción audiovisual cuando elige clavar la lupa en un problema concreto y lo cuenta con la paciencia, el detalle y el humor incómodo que maneja Fielder. A veces alcanza con incomodar a la audiencia correcta en el momento justo para que algo se mueva del otro lado de la pantalla. La señora del cine, mientras tanto, ya estaba guardando la entrada en la cartera con esa frase todavía resonándole: "Menos mal que a alguien se le ocurrió meterse ahí".

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Mónica AguirreCultura y espectáculos

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