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Viernes, 16 de octubre de 2026
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A los 93, la actriz Ellen Burstyn mostró que caminar no alcanza: por qué la fuerza es clave en la vejez

La ganadora del Oscar de “Resurrección” mantiene paseos diarios, gimnasio y un entrenador personal. Especialistas consultados señalan que, después de los 60, el trabajo de fuerza y equilibrio ayuda a prevenir caídas y a sostener la autonomía.

TL
Teresa LeivaSociedad y salud · · 3 min de lectura
A los 93, la actriz Ellen Burstyn mostró que caminar no alcanza: por qué la fuerza es clave en la vejez

Lo dijo Ellen Burstyn con la naturalidad de quien lo repite cada mañana, como parte de una conversación con su cuerpo que ya lleva décadas: "Camino todos los días, hago ejercicio en el gimnasio y me cuido". Tiene 93 años, dos fracturas de muñeca en su historial, una férula en una mano y artritis con la que convive. Y, sin embargo, sigue entrenando.

Su rutina resulta llamativa por una razón que suele pasar desapercibida: a partir de cierta edad, caminar —por más constante que sea— no alcanza para sostener la autonomía. Las caídas en adultos mayores son un problema de salud pública: en Argentina, la última Encuesta Nacional de Factores de Riesgo consignó que casi el 40% de los mayores de 65 años sufrió al menos una caída en el último año, y las lesiones derivadas son una de las principales causas de pérdida de independencia en esa franja etaria.

Por qué caminar no reemplaza al entrenamiento de fuerza

Matthew Kampert, especialista en medicina deportiva y responsable del Programa de Medicina del Estilo de Vida de Cleveland Clinic, lo explica de manera directa: fortalecer los glúteos favorece la estabilidad cotidiana y puede contribuir a que los adultos mayores sufran menos caídas. Levantarse de una silla, cruzar una calle, cargar una bolsa: cada uno de esos gestos exige fuerza, equilibrio y coordinación, capacidades que el paseo —incluso el más constante— tiende a trabajar de manera insuficiente.

La propia experiencia de Burstyn lo ilustra. Comenzó a modificar sus hábitos cerca de los 40, adoptó una alimentación vegetariana, dejó el cigarrillo y el alcohol, y desde entonces no paró. Pero su rutina actual no se limita a las caminatas con su perro: concurre al gimnasio y entrena con un preparador físico que ajusta los ejercicios a sus limitaciones. Esa adaptación no es un detalle, es el punto central.

Un circuito breve que se puede hacer en casa

El entrenador Álvaro Puche propone complementar las caminatas con un circuito breve de resistencia que dura entre tres y cuatro minutos, tres veces por semana. La propuesta incluye cuatro movimientos sencillos, pensados para sumar fuerza y equilibrio sin necesidad de equipamiento complejo.

  • Ponerse de pie desde una silla sin apoyar las manos.
  • Elevar los talones para trabajar pantorrillas y tobillos.
  • Remo con banda elástica, para fortalecer espalda y postura.
  • Flexiones inclinadas contra un apoyo elevado que sea estable y no resbale.

La ejecución, claro, no es igual para todos. La altura del asiento, la tensión de la banda, el recorrido del movimiento y la cantidad de repeticiones pueden —y deben— modificarse según las posibilidades de quien entrena. Quienes tengan fracturas previas, dolores persistentes, enfermedades crónicas o dificultades de equilibrio necesitan una consulta previa con su médico, un kinesiólogo o un profesional capacitado en ejercicio antes de empezar a trabajar con carga.

Dónde buscar orientación en la Ciudad de Buenos Aires

Para quienes quieran empezar, varias opciones están al alcance. El Ministerio de Salud porteño ofrece el Programa de Actividad Física y Salud en centros de salud y clubes de barrio, con evaluación médica previa y profesionales a cargo. Los centros de jubilados nucleados en PAMI también organizan talleres de gimnasia adaptada; el turno se solicita en la agencia barrial de lunes a viernes, de 9 a 14, o por la app oficial. Para una atención más específica, el servicio de Kinesiología del Hospital de Agudos Bernardino Rivadavia atiende de lunes a viernes de 8 a 12, con derivación del médico de cabecera.

La vida de Burstyn, mientras tanto, sigue llenándose de movimiento: además del gimnasio, lee, recibe visitas, concurre a conciertos y sigue trabajando. No hay épica en su declaración ni promesa de juventud eterna. Hay, en cambio, algo más valioso: la convicción de que el cuerpo puede entrenarse a cualquier edad, siempre que se haga con cuidado, con guía y con respeto por los propios límites.

TL
Teresa LeivaSociedad y salud

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