Caminar por las entrañas del Malacara: un volcán que se recorre por dentro en el sur mendocino
En el paraje La Batra, cerca de Malargüe, la familia Quezada administra un campo donde la geóloga Corina Risso investigó cómo se formó este cerro. El sendero atraviesa dos cárcavas y permite entender, colores mediante, el diálogo entre el fuego y el agua.

Cuando Alberto Beto Quezada le mostró aquel cerro a Corina Risso, a principios de los 2000, ninguno de los dos imaginaba que ese campo del sur mendocino terminaría convertido en una propuesta turística distinta a todo lo que ofrece la región. Yo llegué hasta La Batra buscando una salida al aire libre y terminé aprendiendo que en Mendoza hay volcanes que se caminan por dentro, y que la historia de cómo se formó ese paisaje se lee con los pies y con los ojos al mismo tiempo.
El Malacara queda en el paraje La Batra, en el departamento de Malargüe, y su particularité es que se puede recorrer a pie entre depósitos volcánicos y paredes de distintos colores. El acceso al predio lo administra la familia Quezada, y el turismo se empezó a desarrollar a partir de las investigaciones de Risso, geóloga, investigadora y docente de la Universidad de Buenos Aires. La visita atraviesa dos de las tres cárcavas del cerro y culmina en un mirador desde el que, si el día ayuda, se distingue a lo lejos la laguna de Llancanelo.
Una historia que se lee en colores
La caminata sucede entre paredes onduladas, sectores de roca amarilla y depósitos negros. La luz entra por las aberturas superiores y un aire frío circula entre las grietas, como si el volcán todavía respirara. Los tres cráteres que tiene el Malacara en su parte alta quedan casi ocultos para quien lo recorre desde abajo, por la forma del terreno y por la vegetación.
Los colores no están ahí por casualidad. Risso explica que el Malacara se formó por la interacción del magma con el agua, posiblemente de una antigua laguna. Ese contacto fragmentó la lava, y la alteración posterior de los materiales produjo buena parte de las superficies amarillas que hoy sorprenden al visitante. Cuando el agua dejó de intervenir, la erupción continuó y se acumularon materiales oscuros sobre los anteriores. Mucho después, la erosión provocada por el agua y el viento abrió los corredores que hoy se recorren durante la visita. Esos depósitos son frágiles, conviene saberlo, y pueden desgranarse con sólo tocarlos.
Del campo ganadero al circuito turístico
La apertura del Malacara al turismo cambió el uso de un sector del campo donde los Quezada criaban animales. En 2000, Risso llegó al lugar con la ayuda de Beto Quezada, y dos años después presentó sus investigaciones en Malargüe, mientras la familia empezaba a trabajar con guías de la zona. Al principio, las salidas se hacían a caballo por senderos del propio predio. En 2006, una antigua huella petrolera permitió ingresar con una camioneta y, más tarde, usar maquinaria para acondicionar el camino.
- Salida de caminata por el interior del volcán Malacara, en el paraje La Batra, Malargüe.
- Recorrido por dos de las tres cárcavas y ascenso a un mirador con vista hacia la laguna de Llancanelo.
- Acompañamiento de guías locales de la familia Quezada, administradores del predio.
- Recomendación: no tocar las paredes ni desprender fragmentos de los depósitos volcánicos.
La propuesta combina caminata, observación de las formaciones y una vista del paisaje desde el mirador, con el plus de entender, en el camino, por qué este cerro se ve como se ve. Para quienes quieran sumarse, conviene consultar previamente con los guías de la familia Quezada en La Batra los días y horarios de visita, ya que el acceso depende de las condiciones del camino y del clima en el sur mendocino. Quienes prefieran planificar con tiempo pueden acercarse a la oficina de informes turísticos de Malargüe, donde suelen orientar sobre reservas y modalidades de llegada al paraje.
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