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Viernes, 16 de octubre de 2026
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Cuando bajar de peso también es una cuestión de cabeza: por qué el acompañamiento psicológico marca la diferencia en los tratamientos

Factores genéticos, emocionales y ambientales explican por qué dos personas con el mismo plan pueden tener recorridos opuestos. La OMS pide una atención integral y un metaanálisis de 37 estudios avala el rol de la terapia psicológica.

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Teresa LeivaSociedad y salud · · 3 min de lectura
Cuando bajar de peso también es una cuestión de cabeza: por qué el acompañamiento psicológico marca la diferencia en los tratamientos

Me acuerdo de la primera vez que Mariana me contó su historia en el consultorio de un equipo de nutrición. Tenía 47, dos hijos adolescentes y un historial de dietas que empezaban el lunes y terminaban el miércoles. No le faltaba voluntad, me dijo, lo que le faltaba era una herramienta para entender por qué, después de una jornada agotadora en el trabajo, terminaba abriendo la heladera a las once de la noche sin hambre real, solo con esa sensación de vacío en el pecho. Cuando el equipo que la atendió incorporó sesiones de terapia, algo empezó a cambiar: no fue mágico, pero aprendió a poner en palabras lo que le pasaba antes de buscarlo en la comida.

La Organización Mundial de la Salud (OMS) sostiene que la obesidad es el resultado de la interacción entre una susceptibilidad biológica y un conjunto de influencias ambientales y psicosociales. Por eso el organismo recomienda desde hace años un abordaje multimodal que combine intervenciones conductuales, nutricionales, psicológicas y médicas, siempre adaptado a las necesidades de cada persona y no a una fórmula universal.

Lo que dice la ciencia sobre sumar terapia a los planes para bajar de peso

Un metaanálisis que reunió 37 estudios, entre ellos 21 ensayos clínicos aleatorizados, encontró resultados favorables de las intervenciones psicológicas cuando se las comparó con abordajes mínimos o con la atención habitual. La terapia de aceptación y compromiso fue la que presentó la evidencia más sólida de eficacia en el seguimiento posterior a los dieciocho meses, según el trabajo publicado en la revista Obesity Reviews. En términos simples: no se trata de reemplazar la dieta ni el ejercicio, sino de sumar un espacio donde trabajar por qué a veces cuesta tanto sostenerlos.

La genética también tiene un papel concreto que conviene entender. Algunas variantes genéticas actúan sobre los mecanismos cerebrales que regulan el hambre y la saciedad; otras intervienen en el metabolismo, es decir, en la forma en que el cuerpo utiliza y almacena la energía. Esto ayuda a explicar por qué dos personas que siguen un plan alimentario prácticamente idéntico pueden obtener resultados muy distintos: no es un tema de esfuerzo, es un tema de biología.

El peso del humor, el sueño y el entorno

El estado emocional y el nivel de cansancio inciden de manera directa en la capacidad de sostener decisiones vinculadas con la alimentación. Cuando aparece un día fuera del plan previsto, una respuesta rígida del tipo «ya fallé, no tiene valor seguir» suele generar la sensación de haber perdido el control por completo y, con frecuencia, deriva en comer de forma desinhibida. Una respuesta más flexible, en cambio, permite registrar lo que ocurrió, ponerle nombre y seguir adelante sin convertir un traspié en el fin del proceso.

Claves que los especialistas repiten en la consulta

  • El hambre, el descanso, el estrés, el estado de ánimo, la genética y el entorno alimentario condicionan tanto bajar de peso como mantener los resultados en el tiempo.
  • Un plan que solo contempla qué comer y cuánto moverse suele ser insuficiente cuando hay factores emocionales o conductuales de fondo.
  • La terapia de aceptación y compromiso aparece como la intervención con mejor evidencia en seguimientos de más de un año y medio.
  • La Sociedad Europea de Cardiología plantea que el tratamiento de la obesidad requiere un abordaje prolongado, personalizado, que combine alimentación, actividad física y acompañamiento psicológico.

A dónde acudir: los centros de salud públicos y las obras sociales suelen cubrir entrevistas con equipos de nutrición que incluyen o articulan con profesionales de salud mental. Para una primera orientación, se puede concurrir al centro de atención primaria más cercano en horario de mañana, de lunes a viernes, donde es posible pedir un turno con el área de nutrición y, si el profesional lo considera, una derivación al equipo de salud mental del mismo centro.

TL
Teresa LeivaSociedad y salud

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