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Viernes, 16 de octubre de 2026
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Cuando bajar la grasa de más se vuelve un riesgo: lo que el cuerpo deja de proteger

Especialistas en medicina metabólica y deportiva advierten que reducir las reservas adiposas por debajo de ciertos umbrales puede comprometer músculos, huesos y equilibrio hormonal, incluso en personas que entrenan con regularidad.

TL
Teresa LeivaSociedad y salud · · 4 min de lectura
Cuando bajar la grasa de más se vuelve un riesgo: lo que el cuerpo deja de proteger

A los 34 años, Carolina dejó de menstruar. Llevaba tres compitiendo en pruebas de endurance y había afinado su alimentación hasta quedarse en un porcentaje de grasa corporal que su entorno celebraba como ejemplo de disciplina. Cuando le repitieron los análisis, la sorpresa fue doble: la densidad mineral de sus huesos había caído a niveles de una mujer diez años mayor y su testosterona libre estaba por debajo del rango esperado. No era un cuadro aislado. Detrás había meses de restricción calórica sostenida, entrenamientos duros y la idea, muy instalada, de que cuanto menos grasa, mejor.

Según datos difundidos por la Organización Mundial de la Salud, la desnutrición y las deficiencias nutricionales afectan a cerca de 735 millones de personas en el mundo, y dentro de ese universo las restricciones severas con fines estéticos o deportivos ocupan un capítulo cada vez más visible en las consultas. El cuerpo humano necesita un mínimo de tejido adiposo para funcionar: no se trata solo de estética o de marcas en el espejo, sino de reservas que cumplen funciones hormonales, inmunológicas y mecánicas.

Qué pasa cuando se cruza el umbral

La grasa no es un adorno ni un enemigo a exterminar. Es un órgano endocrino que produce leptina, una hormona que le dice al cerebro cuánta energía hay disponible. Cuando esa señal se apaga porque las reservas cayeron demasiado, el organismo empieza a recortar gastos: relega funciones que considera prescindibles en un contexto de escasez, como la reparación ósea, la producción de hormonas sexuales o la respuesta inmune frente a una infección grave. Fredrik Karpe, profesor de medicina metabólica de la Universidad de Oxford, lo resume con una imagen elocuente: si no hay suficiente combustible almacenado, el cuerpo se vuelve menos capaz de defenderse.

  • La masa muscular puede empezar a degradarse porque el cuerpo la usa como fuente alternativa de energía cuando la grasa escasea.
  • La generación y reparación de tejido óseo se ven comprometidas, lo que eleva el riesgo de fracturas por estrés y de osteoporosis prematura.
  • En hombres, la testosterona puede descender junto con la energía y el rendimiento físico.
  • En mujeres deportistas, la amenorrea o las irregularidades del ciclo menstrual funcionan como una señal de alerta que muchas veces se ignora.
  • El sistema inmune pierde capacidad de respuesta ante infecciones serias, según los investigadores consultados.

Jessica Maung, investigadora de enfermedades metabólicas de la Universidad de Míchigan, explicó que una cantidad insuficiente de grasa puede alterar distintos órganos y sistemas, y que el cuadro suele aparecer en personas que creen estar haciendo las cosas bien: entrenan, cuidan la dieta, se pesan a diario. Lo que no siempre miden es qué están perdiendo en el proceso. Un estudio con más de 700 deportistas, en el que participó Tamara Hew-Butler, de la Universidad Estatal de Wayne, registró mínimos del 10 por ciento de grasa corporal en hombres y del 16 por ciento en mujeres, muy por encima del 1 o 2 por ciento que se asocia popularmente con la definición muscular extrema, y aun así esos valores ya mostraron consecuencias clínicas.

Medirse bien, no solo pesarse menos

El porcentaje de grasa corporal, por sí solo, no alcanza para evaluar la composición del cuerpo. La edad, el sexo y la distribución del tejido adiposo influyen en esa lectura. Las herramientas de medición tampoco son equivalentes: una balanza de bioimpedancia puede arrojar resultados distintos según la hidratación del momento, mientras que los pliegues cutáneos no permiten conocer la grasa que rodea los órganos, que es justamente la más riesgosa cuando se acumula en exceso. La densitometría DEXA distingue entre tejido graso, masa magra y masa ósea, aunque necesita equipamiento especializado y puede ser costosa. No existe un número mágico válido para todos los cuerpos, y obsesionarse con uno solo puede llevar a tomar decisiones que terminen saliendo caras.

El exceso, mientras tanto, tampoco es inocuo, sobre todo cuando la grasa se acumula alrededor de los órganos. La grasa visceral favorece la liberación de sustancias inflamatorias y se asocia con resistencia a la insulina, enfermedades cardiovasculares y síndrome metabólico. La clave, coinciden los especialistas, está en el equilibrio: ni el almacenamiento excesivo ni la búsqueda de mínimos compatibles con la estética de portada hacen bien al organismo.

Si alguien sospecha que está cruzando ese límite, la recomendación es consultar con un endocrinólogo, un médico deportólogo o un nutricionista matriculado, y pedir una evaluación completa que incluya análisis de sangre, densitometría y registro de la composición corporal. En centros de salud públicos como los hospitales de la Ciudad de Buenos Aires y de la provincia, los servicios de endocrinología atienden de lunes a viernes de 8 a 14 horas, y los departamentos de medicina deportiva suelen funcionar con turno previo. Antes de seguir restando, vale la pena preguntarse qué se está ganando y qué se está perdiendo en el camino.

TL
Teresa LeivaSociedad y salud

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