Cuando el acoso escolar ya no termina al sonar el timbre: la advertencia de los pediatras argentinos
La Sociedad Argentina de Pediatría publicó un documento que muestra cómo el bullying y el ciberbullying se volvieron inseparables y mantienen bajo presión a chicos y adolescentes las 24 horas, dentro y fuera del aula

A Tomás le decían de todo en la escuela. Un día, cuando llegó a su casa y dejó la mochila en la silla del comedor, el celular empezó a vibrar sin parar: mensajes en un grupo, capturas compartidas, stickers con su cara. La agresión que había empezado en el recreo seguía ahí, a metros de la mesa donde la familia cenaba. Como él, miles de chicos argentinos viven hoy un acoso que ya no entiende de horarios ni de paredes.
Esa continuidad entre el patio de la escuela y la pantalla del teléfono es, justamente, lo que preocupa a la Sociedad Argentina de Pediatría (SAP), que acaba de difundir un documento elaborado por ocho de sus comités y subcomisiones especializadas para describir cómo el bullying y el ciberbullying se transformaron en un mismo problema de doble frente. Para la entidad, se trata de un fenómeno cada vez más frecuente en la consulta pediátrica, con consecuencias que pueden dejar huella mucho más allá de la adolescencia.
Un acoso que se muda al celular
"Antes, volver a casa podía ofrecer una pausa y un espacio de resguardo frente a estas situaciones de acoso. Con el acceso casi permanente al celular, ese límite se vuelve cada vez más difuso: los mensajes, las burlas o la exposición pueden llegar a cualquier hora y extender la situación más allá de la escuela, lo que amplifica su impacto y en consecuencia el daño", señaló la doctora Silvina Pedrouzo, pediatra especialista en Desarrollo Infantil y presidenta de la Subcomisión de Tecnologías de la Información y la Comunicación de la SAP.
- Mensajes de odio o burlas reiteradas por WhatsApp y redes sociales.
- Acoso silencioso o acecho digital (stalking) de la víctima.
- Votaciones o encuestas para humillar a un compañero.
- Creación de perfiles falsos y suplantación de identidad.
- Difusión no consentida de información privada o imágenes.
- Exclusión deliberada de grupos y chats.
- Manipulación de fotos, videos o memes para ridiculizar.
- Uso de herramientas de inteligencia artificial para editar y viralizar contenidos alterados, difíciles de borrar y con alcance masivo.
El documento también pone el foco en las consecuencias que los pediatras empiezan a ver en el consultorio: dolores físicos recurrentes, alteraciones del sueño, ansiedad, tristeza persistente, aislamiento, bajo rendimiento escolar y, en los casos más graves, ideas de hacerse daño. No son caprichos ni exageraciones de un chico, sino señales de un cuerpo y una cabeza que llevan demasiado tiempo una presión para la que no están preparados.
“El bullying es un fenómeno grupal y por eso la solución tampoco puede descansar exclusivamente en ellos. Están los compañeros que observan, los adultos responsables, las familias y la institución en la que ocurre. Lo que nunca debemos hacer es pedirle al chico que está siendo hostigado que resuelva solo el problema.”Sociedad Argentina de Pediatría (SAP)
Qué es bullying y qué no lo es
La SAP aclara que no toda pelea entre compañeros es acoso escolar. Para hablar de bullying tienen que cumplirse tres condiciones al mismo tiempo: intención de causar daño, repetición en el tiempo y un desequilibrio de poder que deje a la víctima sin manera real de defenderse o de cortar la situación. Puede ser físico, verbal o relacional, y cuando se muda al celular suma un componente extra: la agresión sigue aun cuando el chico cierra la puerta de su cuarto.
A dónde acudir y en qué horario
Ante la sospecha de que un chico está siendo acosado dentro o fuera de la escuela, la recomendación de los pediatras es no esperar y consultar lo antes posible con el pediatra de cabecera, que puede orientar a la familia y, si hace falta, derivar a un equipo de salud mental infantojuvenil. También se sugiere tomar registro de los mensajes o publicaciones, no contestar las agresiones y, si la situación involucra amenazas graves o difusión de imágenes íntimas, hacer la denuncia en la comisaría más cercana o en la Fiscalía especializada en Ciberdelincuencia, que suele funcionar en turno mañana. Para contención inmediata, está disponible la línea 102 en todo el país, gratuita y atendida por profesionales las 24 horas.
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