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Viernes, 16 de octubre de 2026
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Donde la pizza al corte todavía se come de parado: seis mostradores porteños que resisten desde hace décadas

Un relevamiento por San Telmo, Boedo, Barracas, Villa Crespo, Villa Ortúzar y Barrio Norte repasa precios, modalidades y especialidades de pizzerías que conservan la tradición del mostrador, la porción al paso y, en varios casos, un trocito de fainá como cortesía.

MG
Maximiliano GalarzaRío y puerto · · 5 min de lectura
Donde la pizza al corte todavía se come de parado: seis mostradores porteños que resisten desde hace décadas

El río en el puerto de Buenos Aires amanece con una altura que se mantiene estable, sin tendencia marcada, y mientras el agua baja y sube según la mareas del Río de la Plata, en distintos barrios de la ciudad otros mostradores resisten al paso del tiempo con una lógica muy parecida: la de abrir temprano, mantener el horno encendido y esperar a que el cliente se acerque a comer de pie, sin mayores ceremonias, una porción que se paga al contado y se degusta sobre una barra de mármol, casi siempre mirando cómo el pizzero estira la masa y la apoya contra las paredes del horno a leña.

En ese universo de la pizza al corte, un recorrido por seis pizzerías con décadas de historia permite comparar precios, especialidades y modalidades de atención, y entender por qué, aún con valores que arrancan en los $3.500, el mostrador sigue siendo una de las formas más democráticas de resolver una comida en la ciudad.

Los primeros de la lista, en el escalón de los tres mil quinientos

En la base del ranking aparecen dos locales que coinciden en el precio de entrada, aunque con propuestas distintas. Pirilo, que funciona desde 1932 en Defensa 821, pleno San Telmo, ofrece porciones desde $3.500 y una carta que incluye muzzarella, anchoas, fugazza con o sin queso y fainá. Como me contaba el pizzero de turno mientras apoyaba una paleta sobre el mostrador, el lugar no tiene mesas ni sillas: la comida se consume parada, junto a una barra de mármol, con el horno a leña como escenografía de fondo. Ahí, de pie, uno se cruza con vecinos, con turistas que se pierden por las calles empedradas y con oficinistas que aprovechan el mediodía para resolver el almuerzo sin sentarse.

A esa altura de precio se suma El Padrino, en Honorio Pueyrredón 1710, Villa Crespo, abierto en 1978, donde la muzzarella se consigue también a $3.500 y la fugazzeta con jamón a $5.500. Lo singular de este local es un detalle que el dueño repite con orgullo cada vez que alguien pregunta: con cada porción o con cada pizza entera entrega un trocito de fainá, que puede ser simple, picante o de cancha, y que convierte a la espera en una suerte de entrada improvisada mientras el horno hace su trabajo. La atención es, como en Pirilo, para comer de pie, sin mayores pretensiones.

Fugazzeta rellena, dos precios para una misma especialidad

Para quienes buscan fugazzeta rellena, el relevamiento arroja dos referencias bien distintas. En La Mezzetta, ubicada en la avenida Álvarez Thomas 1321, en Villa Ortúzar, la porción cuesta $4.500. El local funciona desde 1939, tampoco dispone de sillas y, según me explicó una de las encargadas, buena parte de la facturación pasa por las pizzas precocidas que la gente se lleva a su casa, un formato que se consolidó con los años y que hoy convive con la venta al mostrador.

El otro extremo de la fugazzeta aparece en Antonito, en la esquina de Carlos Calvo y avenida La Plata, Boedo, donde la fugazzeta rellena sale $7.000. Ahí la muzzarella cuesta $4.000, mientras que la napolitana y la de verdura con salsa blanca rondan los $6.000. El pago en efectivo tiene un descuento del 10%, un beneficio que modifica el gasto final y que, en tiempos de inflación, pesa. Tras haber cerrado sus puertas, el negocio reabrió en 2026 con el cocinero Leonardo Díaz y su socio Christian, una continuidad que, según me confiaron ambos, buscan sostener con la misma receta de siempre y con una atención que ya conocen varias generaciones del barrio.

Piedra o molde, y la franja horaria donde se mueve la porción

La elección entre masa fina y pizza al molde aparece en Los Campeones, fundado en 1954 y situado en la avenida Montes de Oca 856, Barracas. Como me dijo uno de los prácticos del horno, la especialidad de la casa es la pizza a la piedra, aunque también preparan la versión al molde, porque hay clientes que no negocian con la tradición. La muzzarella vale $4.500 y la fugazzeta, $5.500, y desde el local señalan que el mayor movimiento de venta por porción ocurre entre las 12 y las 15, una franja que coincide con el cierre de oficinas y con el hambre de los que pasan caminando por el barrio.

El sexto local del recorrido es El Cuartito, en Talcahuano 937, Barrio Norte, inaugurado en 1934 y administrado por la tercera generación familiar. A diferencia de los anteriores, permite elegir entre mostrador y salón, una flexibilidad que lo vuelve particular dentro de la lista. Sus precios rondan los $4.800 para la muzzarella y los $6.000 para la napolitana, según el relevamiento, y conserva esa liturgia de pizzería histórica que mezcla turistas, familias y habitués de siempre.

En conjunto, el mapa de pizzerías porteñas que todavía trabajan con la porción al corte muestra que la modalidad se sostiene no por nostalgia, sino por una combinación precisa de precio, rapidez y costumbre: comer parado, mirando el horno, pagando en efectivo cuando se puede y, si hay suerte, llevándose de paso ese pequeño acompañamiento de fainá que en algunos casos todavía regalan. Mientras el río sigue moviéndose manso en el puerto y la marea baja y sube sin mayores novedades, aguas abajo de la ciudad, en los barrios del sur y del oeste, estos mostradores continuarán encendidos, esperando al próximo cliente que se acerque a pedir su porción sin sentarse.

MG
Maximiliano GalarzaRío y puerto

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