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Dos clásicos en un solo postre: cheesecake con una costra crujiente y dorada

La preparación reúne la suavidad del cheesecake con el acabado caramelizado de la crème brûlée. La cocción en baño maría y el reposo durante toda la noche son determinantes para lograr una textura cremosa.

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Maximiliano GalarzaRío y puerto · 28 DE AGO DE 2026 · 2 min de lectura
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La idea de unir el cheesecake con la crème brûlée parece menos osada de lo que podría imaginarse, porque ambos postres comparten una textura cremosa y una presencia elegante, aunque se diferencian claramente en su forma de preparación y en el resultado final. Aquí, la base de galleta sostiene un relleno de queso crema que se cocina lentamente y termina cubierto por una capa de azúcar quemada, crujiente y dorada.

Una base simple y una cocción paciente

La base se prepara con galleta triturada, mantequilla fundida y una pizca de sal. La mezcla se distribuye y se presiona en el fondo y las paredes de un molde desmontable de unos veinte centímetros de diámetro, para reservar el recipiente mientras se prepara el relleno.

Para el relleno se utilizan queso crema a temperatura ambiente, azúcar, huevos, yemas, crema de leche, vainilla y una pequeña cantidad de harina. Todos los ingredientes se baten hasta quedar integrados y luego se vuelcan sobre la base. El horno debe a ciento sesenta grados centígrados.

La clave está en cocinar el pastel en baño maría. El molde, cubierto con papel de aluminio, se coloca dentro de una asadera con agua hirviente que llegue hasta la mitad de su altura. La preparación hornea durante una hora y cuarto; después se apaga el horno y se deja el pastel adentro, con la puerta abierta, para que el enfriamiento sea gradual. Luego debe pasar toda la noche en la heladera.

  • Espolvorear azúcar impalpable sobre la superficie ya fría.
  • Quemar el azúcar con un soplete de cocina hasta obtener una costra dorada y crujiente.
  • No sustituir el soplete por el horno: se necesita un calor concentrado para caramelizar la cubierta.
  • Acompañar con frambuesas, arándanos o una bocha de helado de vainilla.

El contraste entre el relleno suave, la base quebradiza y la cubierta crujiente es lo que hace particular a este cheesecake. Las frutas rojas aportan acidez, mientras que el helado de vanilla suma frío y cremosidad para equilibrar el dulzor de la caramelización. Ya sea para una celebración o para un fin de semana sin motivo especial, la preparación exige tiempo, pero ofrece un postre con una presentación llamativa y una textura diferente en cada capa.

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Maximiliano GalarzaRío y puerto

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