La habitación como set: cuando los adolescentes ya no tienen un cuarto para equivocarse
Las paredes de los dormitorios juveniles se vaciaron de pósteres, ropa y diarios íntimos. En su lugar aparecen tonos neutros, camas prolijas y luces listas para una cámara. Especialistas consultados sostienen que la audiencia digital absorbió la intimidad y dejó a la puerta cerrada sin oficio.

Recuerdo a Malena, una chica de catorce años que atendía a su madre en pijama y con el pelo revuelto mientras buscaba una remera debajo de la cama. Hoy, cada vez que entro al cuarto de una adolescente como parte de mi trabajo periodístico, la escena es otra: paredes beige, la cama tendida como si nadie durmiera allí y una tira de luces LED que enmarca la cabecera como un reflector improvisado. No hay pósteres caídos ni diarios escondidos; hay, sobre todo, una estética que parece diseñada para una foto antes que para una vida.
El dato oficial que enmarca este cambio lo aporta la Encuesta Nacional de Consumos Culturales 2024 del Sistema de Información Cultural de la Argentina: el 92 por ciento de los jóvenes de entre 13 y 18 años usa su cuarto para producir contenido, ya sea fotos, videos o transmisiones en vivo. La habitación dejó de ser un refugio desordenado para convertirse en una extensión del set de grabación.
Del desorden al decorado
Hace dos décadas, entrar al cuarto de un adolescente era enfrentarse a un territorio propio: pósteres pegados con cinta, ropa sobre la silla, libros en el piso y algún diario íntimo bien escondido. El desorden era parte del ambiente, una señal de que ese espacio pertenecía a alguien que lo estaba usando para crecer. Ese escenario cambió. En los cuartos que circulan por redes sociales es difícil encontrar singularidades ni acumulación de objetos personales. La personalidad no desapareció, pero se retiró del plano físico.
“El sociólogo Erving Goffman describió hace décadas una distinción entre el 'frente de escena', donde las personas sostienen una imagen ante los demás, y el espacio privado donde es posible descansar del personaje, ensayar identidades y equivocarse sin público. La habitación adolescente cumplía históricamente esa segunda función: la puerta cerrada era un pacto tácito de suspensión del juicio ajeno.”Erving Goffman, sociólogo
Esa puerta, para mí, simbolizaba algo que como periodista de Sociedad siempre me interesó: el lugar donde los chicos podían equivocarse a salvo. Hoy, según describen distintos terapeutas de adolescentes consultados, ese margen se angostó. La escritora Sithara Ranasinghe define el fenómeno como una habitación con paredes de cristal, donde el límite entre escenario e intimidad se disuelve bajo la mirada de una audiencia desconocida. El resultado es un cuarto que deja de ser laboratorio de exploración para convertirse en decorado.
Lo que se gana y lo que se pierde
- Se gana estética: las paredes se vuelven prolijas, los tonos neutros ordenan el ambiente y las luces reemplazan la vieja lámpara.
- Se gana previsibilidad: la habitación ya no sorprende porque fue pensada para ser vista.
- Se pierde singularidad: las fotos se parecen entre sí porque responden a códigos visuales compartidos.
- Se pierde intimidad: el desorden, los recuerdos y los diarios íntimos migran a carpetas digitales bajo clave.
- Se pierde margen de error: la conciencia de estar potencialmente filmado modifica la conducta aunque la cámara esté apagada.
Lo más significativo, coinciden los especialistas, es que la cámara no necesita estar encendida para que el efecto actúe. La sola conciencia de que cualquier rincón puede ser filmado y comentado modifica el comportamiento: inhibe la espontaneidad, desalienta el desorden y empuja hacia la estandarización. Ya no es la mirada de los padres la que ordena el espacio, sino la de una audiencia invisible e internalizada.
La adolescencia siempre fue un umbral incierto, un período de transición donde el error forma parte del aprendizaje. La pregunta que dejan estos cuartos despojados es hasta qué punto ese margen de imperfección sigue existiendo cuando el espacio íntimo se convierte en un set permanente.
A dónde acudir y en qué horario: para familias que quieran conversar sobre este tema con un profesional, el Hospital de Niños Ricardo Gutiérrez (Gallo 1330, Ciudad Autónoma de Buenos Aires) atiende en el Servicio de Adolescencia de lunes a viernes de 8 a 14 horas, con turno previo al 4962-9282. La línea gratuita 102 orienta las 24 horas, todos los días, sobre centros de salud mental por barrio. Y para un primer asesoramiento, la Asociación de Psicoanalistas de Orientación Lacaniana recibe consultas por correo a través de su sitio institucional, de lunes a viernes de 10 a 18.
Comentarios
0Todavía no hay comentarios. Sé el primero.
Seguí leyendo



