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Viernes, 16 de octubre de 2026
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La mesa de Rolón en Otro día perdido: cuando el diván se muda al living de la tele y los compañeros empiezan a pasarse factura

Evelyn Botto y Soy Rada aprovecharon la visita del psicoanalista para sacarse chispas con Mario Pergolini, entre confusiones de nombres, unfollow en Instagram y otras picardías del día a día en el programa. La escena se volvió una terapia grupal con humorada incluida y un final que dejó al conductor recomponiendo la entrevista como quien junta los pedazos de una discusión de amigos.

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Mónica AguirreCultura y espectáculos · · 4 min de lectura
La mesa de Rolón en Otro día perdido: cuando el diván se muda al living de la tele y los compañeros empiezan a pasarse factura

Lo que tenía que ser una entrevista a Gabriel Rolón terminó funcionando, casi sin querer, como una sesión de terapia de pareja. Pero no de pareja de a dos, sino de esa pareja rara que se arma cuando compartís un programa de televisión todas las semanas y te bancás al conductor, al productor, al que llega tarde y al que siempre te cambia el nombre. Yo lo vi y me reí, pero también me quedé pensando en cuántas veces la pasamos por alto en cualquier oficina, taller o redacción, y cuántas veces esas cosas terminan saliendo a la superficie cuando alguien pregunta, así, con buena onda, cómo estamos parados con el otro.

Empezó por los nombres y siguió por el beso

Evelyn Botto arrancó con un pedido muy concreto, de esos que uno quisiera hacerle a cualquier jefe que lo tilda de nuevo después de un año: basta de confundirla con Layla, basta de tratarla como si recién hubiera llegado. Mario Pergolini, fiel a su estilo, se justificó diciendo que tiene dificultades para recordar los nombres, y ella lo paró en seco, sin anestesia. Después vino el segundo capítulo del reclamo: ella contó que el conductor no suele saludarla con un beso, y Rolón, que estaba ahí como convidado de piedra, salió con una de esas frases que suenan a teoría del psicoanálisis pero también a sentido común: que cada uno tiene su manera de relacionarse y de demostrar cariño. Y para no dejar a nadie conforme del todo, agregó que el Soy Rada tampoco es muy besador a la hora del saludo. Los acusados presentes, todos acusados, como decía el meme.

Ahí nomás, Agustín Aristarán, alias Soy Rada, cambió de eje y puso el foco en Instagram, que es donde hoy se cocinan muchas de las disputas que antes se resolvían en un pasillo. Contó que Pergolini dejó de seguirlo y que, peor todavía, se lo comunicó mientras estaban juntos, mirándose a la cara, como si fuera un parte médico. Para el humorista, que el conductor figurara entre sus seguidores tenía un valor simbólico, casi un sello de calidad, una manera de presentarse ante otros sin tener que dar explicaciones. Pergolini respondió que las publicaciones frecuentes de su compañero le resultaban aburridas, y Rada le retrucó con lo que cualquiera le diría: si le aburrían, bastaba con silenciar la cuenta, no hacía falta cortar el lazo virtual en público. Rolón, mientras tanto, iba y venía con preguntas que parecían casuales pero dejaban pensando, del estilo de por qué dejar de seguir a alguien también puede leerse como un mensaje sobre lo que uno siente por esa persona.

El sillón del medio y la pregunta que nadie quería hacer

La escena había arrancado con una pavada que no era tan pavada: Aristarán le ofreció a Rolón ubicarse entre él y Botto, y esa decisión tan sencilla, la de dónde se sienta cada uno, fue la que encendió la mecha. Pergolini, desde su lugar, empezó a preguntar, y los invitados empezaron a responder, y lo que iba a ser una nota cultural se transformó en lo que parece una mesa de clínica, pero con público. Hubo un momento clave en el que el conductor, ya metido en el juego, le preguntó a Rolón si una terapia grupal busca que todos se lleven bien. El psicoanalista respondió con otra pregunta, de esas que devuelve la pelota: depende del grupo, y en este caso, ¿son personas que tienen que seguir trabajando juntas? La respuesta fue sí, por supuesto, y la sala se rio, porque la traducción libre fue «sí, van a tener que bancarse toda la semana».

Cuando el intercambio parecía cerrar, Rada volvió a la carga con un último reclamo en tono de broma, sobre el trato que recibía y las actividades que le proponían, siempre en el borde entre la queja real y la picardia televisiva. Recién después de ese ida y vuelta, Pergolini dijo basta, dio por terminada la dinámica y se sentó de nuevo frente a Rolón como quien retoma el manual de instrucciones después de un desvío. Yo me quedé con la sensación de que, más allá del chiste, lo que vimos fue una clase exprés de cómo funcionan los vínculos laborales cuando alguien te pregunta en voz alta qué te pasa con el otro, y de cómo el humor, bien usado, sirve para decir cosas que en serio sonarían a expediente.

  • Botto pidió que dejaran de confundirla con Layla y de saludarla con un beso, en medio de un ida y vuelta con Pergolini.
  • Soy Rada contó que el conductor lo dejó de seguir en Instagram y se lo dijo en persona, y que para él eso tenía valor simbólico.
  • Rolón explicó que cada uno expresa el cariño a su manera y que un unfollow también puede leerse como un mensaje sobre la relación.
  • El cierre dejó a Pergolini recomponiendo la entrevista después de una terapia grupal humorística, con la pregunta abierta sobre qué lugar tiene el humor en la convivencia diaria.
“A la salida del estudio, una técnica de maquillaje que esperaba el colectivo me dijo, mientras buscaba las llaves entre un paquete de galletitas y una novela: «Mirá, si después de todo eso siguen sentados juntos, es porque los quieren de verdad o porque pagan bien; con cualquiera de las dos cosas me conformo».”oyente a la salida
MA
Mónica AguirreCultura y espectáculos

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