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Martes, 20 de octubre de 2026
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La misma casa, dos infancias: por qué los hermanos guardan memorias que no se parecen

La edad de los padres, su salud y el momento vital que atraviesan al nacer, sumado al lugar que cada hijo ocupa en la familia, explican por qué dos hermanos criados bajo el mismo techo pueden tener recuerdos que parecen de mundos distintos. Especialistas y un estudio con más de mil adultos ayudan a entender un fenómeno que suele detonar conflictos en la adultez.

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Teresa LeivaSociedad y salud · · 4 min de lectura
La misma casa, dos infancias: por qué los hermanos guardan memorias que no se parecen

A veces uno empieza a hablar de la infancia y el otro lo mira como si le estuviera contando la película de un extraño. Misma casa, misma rutina, mismos apellidos, y sin embargo las memorias no se parecen. Cuando eso ocurre en una sobremesa familiar, lo primero que aparece es la sospecha: alguien está exagerando o inventando. Pero la psicología y los estudios sobre hermanos vienen diciendo hace rato que no hay un recuerdo más verdadero que otro. Hay, en cambio, dos infancias genuinamente distintas, construidas dentro del mismo hogar.

Lo confirma un trabajo publicado en The Journals of Gerontology, que entrevistó a 1.369 adultos de 498 familias: la mayoría de los hermanos criados juntos recuerda de manera diferente el vínculo con sus padres durante la infancia, sobre todo el afecto recibido, la disciplina y los conflictos. Es decir que la discordancia no es la excepción, sino casi la regla.

Los padres que el primer hijo conoció no son los mismos que recibió al último

Pongamos un caso para entrar en calor. Mariana y Carlos crecieron en un departamento de dos ambientes en Lanús. Ella lleva encima los recuerdos de un padre joven, presente, que la llevaba a la plaza los domingos y volvía silbando del taller. Carlos, nueve años menor, atesora otra imagen: un padre agotado, con un problema crónico de columna, más callado, más lejos. No es que uno haya tenido razón y el otro se equivocó. Es que el padre que les tocó era, literalmente, otro.

La psicóloga Ana Paula Rivadero lo sintetiza con una frase que conviene tener a mano: "Los padres no son exactamente los mismos con cada hijo. Ellos también cambian, atraviesan duelos, crisis, separaciones, dificultades económicas, cambios laborales y transformaciones en la pareja."

El lugar en la familia también marca

A la diferencia de momento vital se suma el rol que cada chico va ocupando desde chico. La dinámica familiar suele repartir etiquetas que pesan: el responsable, el rebelde, el que necesita ayuda, el exitoso, el que siempre está enfermo. Esas etiquetas condicionan cómo se miran las cosas, qué se espera de cada uno y hasta qué se recuerda. Por eso un mismo cumpleaños, una misma cena, una misma pelea de los padres pueden quedar grabados como un festejo cálido para uno y como un día tenso para el otro.

  • Edad y salud de los padres al momento del nacimiento: condicionan energía, paciencia y disponibilidad.
  • Historia de pareja y crisis atravesadas: separaciones, duelos o cambios laborales que alteran el clima del hogar.
  • Posición en la fratria: ser el mayor, el medio o el menor suele asociarse a mandatos distintos.
  • Roles asignados dentro de la familia: el responsable, el sensible, el rebelde, entre otros, tiñen la experiencia cotidiana.
  • Eventos puntuales: mudanzas, mudanza de país, nacimiento de un hermano, enfermedad de un padre o madre.
“Sería productivo abandonar la pregunta de cuál de los dos recuerda correctamente y preguntar qué significa para cada uno aquello que recuerda.”Ana Paula Rivadero, psicóloga

Cuando los hermanos ya grandes se sientan a comparar recuerdos y la conversación empieza a tensarse, el instinto es dirimir quién tiene razón. Pero la especialista propone otra salida. Si en lugar de discutir sobre la verdad del hecho se conversa sobre lo que cada uno sintió al vivirlo, lo que aparece no es un mentiroso y un memorioso, sino dos versiones genuinas de una historia compartida. Esa operación, que parece pequeña, suele aliviar conflictos que llevan años enquistados y que se reactivan cada vez que se habla de la madre, del padre o de la casa de la infancia.

A dónde acudir

Para parejas de hermanos o familias donde el tema reaparece en cada reunión y empieza a generar malhumor o peleas, una opción razonable es pedir una entrevista en un servicio de salud mental. En la Ciudad de Buenos Aires, los hospitales públicos con servicio de psiquiatría y psicología atienden de lunes a viernes, en general entre las 8 y las 14, con demanda espontánea en guardia o con turno programado por derivación del centro de salud. En la provincia de Buenos Aires, los Centros de Atención Primaria de la Salud (CAPS) reciben sin turno previo y orientan hacia profesionales del sistema público. También funciona llamar al 0800-444-4000, línea gratuita del Ministerio de Salud de la Nación, para consultar centros cercanos. Cuando el conflicto ya involucra peleas frecuentes o distanciamientos prolongados, la terapia familiar puede ser un buen punto de partida: no para decidir quién recuerda mejor, sino para escuchar lo que cada uno necesitaba que se escuchara.

TL
Teresa LeivaSociedad y salud

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