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Viernes, 16 de octubre de 2026
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La regla 3-2-1: harina, manteca y azúcar en proporciones exactas para galletitas caseras sin huevo ni leche

Una fórmula simple y escalable que sólo exige respetar el punto pomada de la manteca y no trabajar de más la masa. El frío, el grosor parejo y el control del horno hacen el resto.

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Lisandro BarriosEconomía y campo · · 3 min de lectura
La regla 3-2-1: harina, manteca y azúcar en proporciones exactas para galletitas caseras sin huevo ni leche

Tres ingredientes, una proporción fija y nada más. Por cada 300 gramos de harina se suman 200 de manteca y 100 de azúcar, en lo que se conoce como regla 3-2-1: una base seca, una grasa y un endulzante que, combinados con criterio, dan lugar a galletitas caseras de textura tierna y apenas crocantes al enfriarse. La preparación prescinde de huevo, leche y polvo de hornear, y puede duplicarse o reducirse a la mitad sin más cálculo que mantener la relación.

Para el doble de la tanda se utilizan 600, 400 y 200 gramos; para la mitad, 150, 100 y 50. La aritmética no se complica: la fórmula escala en bloque. De ahí que varias cocineras la describan como una de las puertas de entrada más amigables a la pastelería sin grandes equipamientos.

La manteca define todo: punto pomada y nada más

El primer paso consiste en trabajar la manteca con el azúcar hasta conseguir una crema pareja. Para eso la grasa debe estar en lo que la técnica denomina punto pomada: blanda al tacto, cede ante la presión de un dedo pero conserva su forma. Si está líquida, la masa pierde estructura y las piezas se expanden en el horno; si acaba de salir de la heladera y se presenta dura, cuesta integrarla con el azúcar y se forman grumos difíciles de disipar. En jornadas de calor conviene devolverla al frío algunos minutos antes de empezar, sólo lo necesario para que vuelva a tomar cuerpo sin endurecerse.

Sin amasar: sólo compactar

  • Unir manteca y azúcar hasta lograr una crema homogénea.
  • Incorporar la harina de una vez, o como máximo en dos tandas, con espátula o con las manos.
  • Trabajar la masa lo justo para que se compacte: cada movimiento de más resta ternura al resultado final.

Una vez formado el bollo, se aplana ligeramente, se cubre y se lleva a la heladera al menos treinta minutos. El frío devuelve firmeza a la manteca, facilita el estirado y ayuda a que las formas no se deformen durante la cocción. Cuando se utilizan cortantes, enfriar las piezas ya separadas unos diez minutos más antes de llevarlas al horno mejora la definición de los bordes.

Estirar, cortar y hornear con control

Para estirar la masa conviene hacerlo entre dos hojas de papel manteca, sin agregar harina extra sobre la superficie. Un grosor de medio centímetro arroja galletitas con algo de ternura en el centro; las más finas quedan más crujientes y las más gruesas requieren algunos minutos adicionales. Lo más práctico es lograr un tamaño parejo entre todas las piezas para que la cocción sea pareja. El horno debe estar caliente de antemano: las galletitas están listas cuando los bordes comienzan a dorarse levemente, mientras el centro aún se ve claro. Al salir parecen blandas, pero la manteca se solidifica durante los primeros minutos de enfriado y la textura se afirma sola, de modo que conviene no intentar levantarlas de la placa mientras conservan demasiado calor.

Tanto el azúcar común como el azúcar impalpable pueden intervenir en la fórmula, según el acabado buscado. El resto queda en manos de quien cocina: la regla 3-2-1 ofrece el andamio, y el cumplimiento del punto pomada, el reposo en frío y el control del horno hacen el resto.

LB
Lisandro BarriosEconomía y campo

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