Pergolini rearmó el living musical de No preguntes por Rusia y ahora puede cambiarlo a su antojo
El conductor fabricó los soportes de los vinilos con una impresora 3D y adelantó que la selección de tapas irá rotando de programa en programa. Hay desde un laserdisc de Prince hasta una edición japonesa de Nirvana.

Yo lo confieso antes de seguir: cada vez que entro a un estudio de televisión me pasa lo mismo, me quedo mirando la pared del fondo como si fuera una escenografía de teatro, y en el caso de No preguntes por Rusia siempre tuve la sensación de que ese sótano al que Mario Pergolini llamó "prestado" estaba pidiendo a gritos un poco más de carácter propio, así que cuando me enteré de que el conductor metió mano y renovó el fondo del programa con una estructura llena de vinilos, no pude menos que pensar que por fin ese lugar empieza a parecerse a lo que uno imagina cuando piensa en un refugio de melómano empedernido, y la verdad es que la movida tiene una miga que merece ser contada con pelos y señales porque no se trata solamente de colgar unos discos lindos sino de toda una declaración de principios sobre cómo se construye un set de televisión en el siglo veintiuno, con una impresora 3D, paciencia de luthier y muy buen gusto a la hora de elegir las tapas.
La idea, según el propio Pergolini explicó al aire, fue bien sencilla en su planteo y bien sofisticada en su ejecución: armó unos soportes especiales con una impresora tridimensional para que las portadas pudieran ir rotando emisión tras emisión sin necesidad de desarmar toda la estructura, lo que en la práctica significa que el fondo del programa se vuelve un organismo vivo que puede mutar de acuerdo con el estado de ánimo del conductor o con el tema que se esté charlando en la mesa, y eso a mí, que vengo siguiendo el ciclo desde sus primeros pasos en el inicio de la temporada 2026, me parece un hallazgo enorme porque resuelve algo que muchos sets televisivos no logran, que es la sensación de que el decorado respira y acompaña el contenido en lugar de competir con él.
La selección de discos: un mapa personal de la música
Ahora bien, lo más jugoso del asunto es la lista de vinilos que Pergolini eligió para esta primera camada, porque cuando uno repasa los nombres se da cuenta de que está ante un verdadero mapa sentimental de la música popular de los últimos cincuenta años, y lo primero que el conductor se molestó en señalar fue Peluson of milk, de Luis Alberto Spinetta, y Fore!, de Huey Lewis & The News, dos discos que conviven sin pedir permiso como suelen convivir las obsesiones de cualquier coleccionista argentino que se precie, y más allá de esas dos perlitas el resto de la fila invita a un recorrido ecléctico que va de Pink Floyd a Manu Chao, de Babasónicos a Los Tipitos, pasando por un laserdisc de Prince que ya de por sí justifica toda la pared y una edición japonesa de Nirvana que a cualquiera que haya pateado disquerías de la calle Corrientes en los años noventa se le va a dibujar una sonrisa en la cara.
- Peluson of milk, de Luis Alberto Spinetta, y Fore!, de Huey Lewis & The News, las dos primeras que Pergolini mencionó al aire.
- Pink Floyd, Manu Chao y Babasónicos como anclas del rock argentino y latinoamericano contemporáneo.
- Un laserdisc de Prince y una edición japonesa de Nirvana, las piezas más llamativas de la colección.
- Catupecu Machu, The Velvet Underground, The Rolling Stones y Barry Manilow, una mezcla de generaciones y estilos.
- Los Piojos, AC/DC, Daniel Melingo, La Renga, Foo Fighters, Viejas Locas, Ataque 77 y Fito Páez, el costado más rockero y callejero del fondo.
El momento en el que todo esto se hizo visible para el público fue cuando Nico Etevenaux, que es de esos columnistas que miran el decorado con la misma atención con la que miran a los invitados, reparó en los cambios y preguntó por el sector más cercano a la figura de un Stormtrooper de Star Wars que sigue presidiendo el set, y ahí Pergolini no se la dejó pasar y contó con ese tonito de orgullo de padre primerizo que se le nota cuando habla de sus proyectos personales que él mismo había fabricado la instalación, y ante la sorpresa de su compañero remató la idea con una frase que a mí me quedó sonando durante toda la semana: "Los vamos a ir changing" dijo, aunque la traducción correcta al castellano rioplatense sería "los vamos a ir cambiando", y esa sola sentencia ya alcanza para entender que el fondo del programa se va a transformar junto con el clima de cada emisión, algo que en la televisión argentina de hoy, tan acostumbrada a decorados congelados, resulta casi una rareza.
El sótano prestado, ahora con identidad propia
Para los que no vienen siguiendo la historia desde el principio vale la pena recordar que No preguntes por Rusia viene emitiéndose desde el inicio de la temporada 2026 en ese estudio subterráneo al que el propio Pergolini describió como un sótano prestado y sobre el que en más de una oportunidad aclaró que tenía limitaciones serias para recibir invitados en vivo, y la transformación estética que ahora presenta el fondo no cambia esa lógica de producción pero sí le da al espacio una identidad que antes le faltaba, porque a las paredes oscuras y las luces azuladas que ya eran marca registrada del ciclo ahora se le suman una guitarra, un sillón, una mesa auxiliar, una lámpara de pie, un mueble con equipos y objetos de colección, la mencionada figura del Stormtrooper y, en otra pared, una estantería con discos compactos que sigue recordando que Pergolini nunca terminó de migrar del todo al mundo del streaming digital, y todo este conjunto configura un ambiente que a mí, en lo personal, me da ganas de sentarme ahí con un café y quedarme charlando de música hasta que cierre el canal.
Ahora bien, más allá de lo estrictamente estético, lo que a mí más me interesa destacar de esta movida es el concepto detrás de la decisión, porque Pergolini bien podría haber encargado los soportes a un carpintero o haber comprado unas repisas comunes en cualquier casa de decoración y haberse ahorrado el paso por la impresora 3D, pero eligió fabricarlos él mismo, y eso habla de un conductor que sigue entendiendo la televisión como un oficio manual y no como un simple producto de fábrica, y cuando termina la emisión y uno se cruza con algún colaborador del programa a la salida, siempre termina escuchando alguna frase que resume el espíritu de lo que se vio arriba, como aquella vez que un técnico del estudio me dijo al pasar, mientras cargaba una cámara, "Mario le mete amor a todo lo que hace, y eso se nota", y esa sentencia, que no por casual deja de ser certera, es la que mejor describe lo que acaba de pasar en el sótano de No preguntes por Rusia, un lugar que dejó de ser prestado para empezar a ser, definitivamente, un hogar.
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