Saltar al contenido
Viernes, 16 de octubre de 2026
Actualidad y noticias, al instanteBuscar ⌕
Quebracho Noticias

Quebracho Noticias

Resident Evil vuelve a la pantalla grande con una historia nueva que respira juegos viejos

Zach Cregger se anima con Raccoon City y construye una aventura que combina criaturas, linternas y municiones escasas para un protagonista que camina entre zombis y tentáculos

MA
Mónica AguirreCultura y espectáculos · · 3 min de lectura
Resident Evil vuelve a la pantalla grande con una historia nueva que respira juegos viejos

Lo confieso antes de empezar: a la salida de la sala, mientras esperaba el colectivo en la esquina de la avenida, escuché a una chica con remera de Leon Kennedy decirle a su amigo que había sentido que estaba "jugando a la Resident Evil". Y me parece la mejor síntesis posible de lo que propone esta nueva película que vuelve a poner a Raccoon City en el centro de la escena. La dirige Zach Cregger y, contra lo que muchos imaginaban, no se trata de un remake ni de una secuela directa de las cintas anteriores: es una historia original, escrita para funcionar como puerta de entrada y como carta de amor a los fans de la saga de Capcom.

El recorrido sigue a Bryan, un protagonista que atraviesa esa ciudad maldita buscando armas, juntando municiones y abriéndose paso por escenarios oscuros. Cregger toma el ADN de los videojuegos y lo vuelca en el cine con bastante literalidad: hay accesos bloqueados, cerraduras tramposas, pasillos donde la linterna es la única aliada y un inventario que se va completando a medida que el cuerpo lo pide. La pistola aparece temprano, la escopeta llega después y el rifle de asalto completa el arsenal, aunque la película se encarga de recordarnos que un arma sin balas es apenas un pedazo de fierro frío.

Mecánicas de juego llevadas al celuloide

  • Accesos cerrados y cerraduras que obligan a buscar llaves o códigos antes de avanzar.
  • Una escopeta que aparece antes que sus cartuchos: en la granja hay que rastrear la munición para poder usarla.
  • La linterna como elemento de supervivencia: sirve para orientarse en la nieve, las alcantarillas y las calles, pero también puede delatar la posición del protagonista.
  • Enemigos que aparecen en oleadas y obligan a administrar recursos, no a balear sin pensar.

La ciudad donde Umbrella desató el brote vuelve a ser escenario central. Allí funcionan los laboratorios de la farmacéutica que originó todo el desastre y allí también se cruzan dos personajes clave de esta versión: los científicos interpretados por Paul Walter Hauser y Zach Cherry, que trabajan desde adentro de la corporación intentando poner un freno a la catástrofe que ellos mismos ayudaron a desatar. Esa dupla le da a la película un costado más burocrático y humano, el de los hombres de traje que corren entre informes mientras la ciudad se les desmorona afuera.

El bestiario también es un reencuentro. El perro del granero, cuya cabeza se abre para mostrar tentáculos como una flor macabra, parece sacado directo de un jefe de fase. El monstruo del ascensor del hospital que vomita ácido remite a esas criaturas imposibles que uno recuerda de madrugada después de una sesión larga frente a la pantalla. Y el enemigo final, compuesto por restos de cuerpos que se anexan mediante tentáculos y crecen sin parar, tiene la lógica de esos oponentes que se transforman cada vez que creías que ya estaban vencidos.

El universo que Cregger rescata es el mismo que arrancó en 1996 con Chris Redfield y Jill Valentine atrapados en una mansión llena de zombis, y que en su segunda entrega, de 1998, amplió el mapa hasta Raccoon City con Claire Redfield y Leon S. Kennedy como caras visibles. La película no necesita traer a esos personajes para dialogar con esa memoria: le alcanza con los escenarios, las criaturas y esa sensación permanente de que cada puerta puede ser la última. Por eso, mientras caminaba hacia el subte después de la función, seguía dándole vueltas a esa frase de la chica de la remera. Tenía razón. Se siente como estar jugando. Y eso, para los que crecimos con el pad en la mano, es casi un elogio.

MA
Mónica AguirreCultura y espectáculos

Comentarios

0

Todavía no hay comentarios. Sé el primero.

Seguí leyendo