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Viernes, 16 de octubre de 2026
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Sarah Paulson se mete en la piel de Aileen Wuornos y la cruza con Lizzie Borden: ¿qué se puede y qué no se puede en una serie basada en hechos reales?

La cuarta entrega de la antología de Ryan Murphy en Netflix une a dos de las mujeres más famosas de la crónica policial estadounidense. Una investigadora de la Universidad Nacional de San Martín ayuda a separar lo histórico de lo inventado y abre el debate sobre las licencias narrativas.

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Mónica AguirreCultura y espectáculos · · 3 min de lectura
Sarah Paulson se mete en la piel de Aileen Wuornos y la cruza con Lizzie Borden: ¿qué se puede y qué no se puede en una serie basada en hechos reales?

Le confieso una cosa antes de arrancar: la primera vez que vi el aviso de esta temporada de Monstruo me quedé pensando en cómo explicárselo a mi vieja. Sarah Paulson, que para mí siempre va a ser la Marcia Clark de American Crime Story, ahora se mete en la piel de Aileen Wuornos y la cruza con Lizzie Borden. Dos historias distintas, dos siglos distintos, dos crímenes famosos, todo metido en la misma bolsa. La pregunta es inevitable: ¿cuánto de lo que vemos pasó de verdad y cuánto es licencia del guionista?

La serie, cuarta entrega de la antología creada por Ryan Murphy, incorpora así una trama del siglo XX al relato centrado en los asesinatos de Andrew y Abby Borden, ocurridos en 1892 en Fall River, Massachusetts. Para seguir esa incorporación conviene distinguir dos planos: los antecedentes criminales de Wuornos y la relación con Borden que propone el guion.

Lo que sabemos de Aileen Wuornos, en concreto

  • Wuornos fue condenada por seis asesinatos cometidos en Florida entre 1989 y 1990.
  • Confesó haber matado a siete hombres y, al principio, argumentó que había intentado defenderse de ataques o intentos de agresión.
  • Recibió seis condenas a muerte.
  • Fue ejecutada por inyección letal en 2002, a los 46 años.

Esos son los datos duros. Lo demás que aparece en pantalla hay que tomarlo con pinzas, y se lo aclaro porque a veces uno se confunde: no existe evidencia de que Wuornos sintiera la obsesión que se representa en la ficción. Tampoco hay constancia de que haya visitado la vivienda de los Borden o pasado una noche allí. La serie utiliza ese recorrido para desarrollar un desenlace imaginario. El cocreador Ian Brennan explicó que buscaban ofrecerle al personaje de Wuornos un cierre satisfactorio, aunque no fuera feliz. Esa intención se expresa en las escenas donde Lizzie aparece ante ella y, finalmente, la recibe después de la muerte.

El acercamiento entre los personajes se construye desde el cuarto episodio. La acción pasa a Florida en 1988 y presenta un encuentro en la carretera que termina cuando Wuornos mata a un hombre de un disparo. Más adelante, aparece leyendo con su novia un libro sobre Borden y encuentra en esa historia una experiencia con la que identificarse. En el sexto capítulo, el recurso toma otra forma: Wuornos permanece en la casa de los Borden mientras el montaje intercala pasajes de la investigación de 1892. Las visiones completan esa asociación entre ambas mujeres, concebida para la narración y sin un vínculo histórico acreditado.

Lo que está en juego: la ética de contar historias reales

Acá es donde la serie deja de ser solo un policial y se vuelve un debate. Una investigadora que trabaja temas de género y violencia consultados para esta nota me decía, mientras tomábamos un cortado en un bar de avenida Corrientes, que la frontera entre crónica y ficción siempre fue porosa, pero que hoy la tecnología permite confundir al espectador con mucha más eficacia. La recomendación práctica, entonces, es mirar estos productos como lo que son: una lectura posible de los hechos, no los hechos mismos. Y, sobre todo, no dar por ciertas escenas que funcionan, en realidad, como metáforas o como recursos narrativos para cerrar la historia de un personaje.

Antes de cerrar, una observación que me parece clave y que muchos lectores me preguntan: las licencias creativas pueden ser un puente para entender una época, un contexto, una lógica social. Pero también pueden deformar la memoria de víctimas y deudos cuando se presentan sin contexto. La pregunta del material de base, qué lugar deberían tener estas licencias en las series basadas en casos reales, no tiene una respuesta única. Lo que sí tiene es una exigencia: que el espectador salga sabiendo qué vio. Y eso, en esta temporada de Monstruo, no siempre queda claro.

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Mónica AguirreCultura y espectáculos

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