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Viernes, 16 de octubre de 2026
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Tarantino, Costner y la película que vio cinco veces en una semana y nadie fue a ver

El director reveló su obsesión por "Fandango", una comedia de 1985 que recaudó 91.000 dólares en su estreno original y hoy sobrevive como objeto de culto. El recorrido de Kevin Reynolds, la actuación que lo marcó y la conexión con Django.

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Mónica AguirreCultura y espectáculos · · 4 min de lectura
Tarantino, Costner y la película que vio cinco veces en una semana y nadie fue a ver

Me lo dijo un amigo la otra tarde, mientras tomábamos un café cerca de la estación, y la confesión me dejó pensando un buen rato: resulta que Quentin Tarantino, uno de los directores más influyentes de las últimas décadas, vio cinco veces en el cine una película que casi nadie fue a ver. Y no lo dice como un dato menor, lo dice como si fuera una de las revelaciones que le cambiaron la cabeza para siempre.

Una ópera prima que casi pasa inadvertida

La película en cuestión se llama Fandango, llegó a los cines en 1985 y fue escrita y dirigida por Kevin Reynolds, un realizador que después se haría conocido por trabajos mucho más ambiciosos. Cuenta la historia de un grupo de cinco amigos que, el día de su graduación, en 1972, deciden emprender un viaje por carretera como despedida de la adolescencia, antes de que a cada uno le toque enfrentar la vida adulta por separado. La premisa es simple, casi naif, pero el tono y la sensibilidad que Reynolds le puso la convirtieron, con el paso del tiempo, en una pieza de culto.

Lo notable es que, en su estreno, la película recaudó apenas 91.000 dólares en Estados Unidos, una cifra tan baja que uno se pregunta cómo alguien como Tarantino pudo cruzarse con ella en una sala. Y sin embargo, así fue: el propio Tarantino lo contó en una entrevista con Vanity Fair, y lo hizo con la efusividad de quien está relatando un encuentro sagrado con el cine.

“Es una de las mejores óperas primas de la historia del cine. La vi cinco veces en el cine, ¡y solo estuvo en cartelera una semana!”Quentin Tarantino, en entrevista con Vanity Fair

Lo que más le obsesionó de Fandango fue la actuación de Kevin Costner, que por entonces empezaba a asomar como una de las grandes promesas de Hollywood. Tarantino lo explicó con una frase que define muy bien lo que significa admirar a un actor de verdad: la señal de un actor realmente genial es que, después de ver su actuación, quieres actuar como él. Y a continuación fue todavía más lejos: contó que empezó a vestirse como Costner, a hablar como Costner, e incluso fantaseó con la idea de ponerse un esmoquin mugriento y dormir, orinar, vomitar, beber y sudar dentro de un coche cruzando el desierto. Una imagen delirante, casi poética, que resume el poder que puede tener una película cuando te toca en el momento justo.

Tarantino también tuvo palabras enormes para Reynolds. Hay que recordar que en los años noventa llegó a calificarlo como el futuro Stanley Kubrick de su década, un elogio que en boca de Tarantino pesa mucho, porque es un director que conoce el cine como pocos y que no regala ese tipo de sentencias. Lo que pasó después, sin embargo, no terminó de confirmar esa profecía: Reynolds siguió trabajando, volvió a cruzarse con Costner en producciones mucho más masivas como Robin Hood, príncipe de los ladrones, en 1991, y en Waterworld, en 1995, una película monumental y accidentada, marcada por fricciones entre ambos durante el rodaje que, según se supo después, terminaron por resolverse con el tiempo.

El último cruce entre los dos fue la miniserie Hatfields & McCoys, un compromiso que terminó siendo decisivo para Tarantino sin que ninguno de los dos lo supiera en ese momento: aceptar ese trabajo fue lo que llevó a Costner a rechazar un papel que finalmente quedó en manos de otro actor en Django desencadenado, la película que Tarantino estrenó en 2012 y que terminó reconfigurando gran parte del western de las últimas décadas. Es uno de esos cruces de caminos del cine que, mirados en retrospectiva, parecen inevitables.

Lo que más me gusta de esta historia es lo que dice sobre el oficio de mirar películas. Tarantino vio Fandango cinco veces en una semana, en un cine, cuando todavía era un chico que se estaba formando como espectador y como futuro director, y ese encuentro se le grabó para siempre, mucho más allá de cualquier éxito de taquilla. La película, mientras tanto, sobrevivió durante décadas en videoclubs, en copias deterioradas y en conversaciones de madrugada entre cinéfilos, hasta convertirse en ese tipo de objeto de culto que uno descubre de pura casualidad, como me pasó a mí mismo en su momento, y que después no puede dejar de recomendar. Como me dijo el chico de la entrada del cine, mientras guardaba la mochila y se acomodaba el pelo, antes de que le contestara yo nada: hay películas que te encuentran cuando tienen que encontrarte, no cuando todos las están viendo.

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Mónica AguirreCultura y espectáculos

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