Saltar al contenido
Viernes, 16 de octubre de 2026
Actualidad y noticias, al instanteBuscar ⌕
Quebracho Noticias

Quebracho Noticias

Una noche en La Trastienda con Al Di Meola: el que volvió a renacer entre palmas flamencas y un cajón

El guitarrista estadounidense regresó a Buenos Aires después del infarto que frenó su gira en 2023 y ofreció un show íntimo, acústico y mediterráneo junto a dos músicos españoles, repasando cinco décadas de carrera entre Piazzolla, The Beatles y Paco de Lucía.

MA
Mónica AguirreCultura y espectáculos · · 4 min de lectura
Una noche en La Trastienda con Al Di Meola: el que volvió a renacer entre palmas flamencas y un cajón

Lo confieso de entrada: antes de que el estadounidense Al Di Meola pisara el escenario de La Trastienda, yo estaba hablando con una pareja de divorciados que se habían cruzado en la puerta y habían decidido ir juntos a revivir los viejos tiempos. Ella le decía que la última vez que lo habían visto en vivo había sido a fines de los noventa, y él, entre risas, le respondía que ya no se acordaba ni en qué teatro había sido. Esa escena, tan de público argentino, terminó de armar el clima de la noche: el de un reencuentro largo, no solo entre un guitarrista y su público, sino entre una historia musical y una ciudad que lo adoptó hace décadas.

Cuando finalmente se apagaron las luces, lo que vi es lo que cuentan los que estuvieron: a un Al Di Meola de 72 años, flaco y firme, subiendo al escenario de La Trastienda acompañado por el guitarrista español Isaac Romagosa y el percusionista Sergio Martínez, cuyo cajón fue durante toda la velada el ancla rítmica sobre la que flotó todo lo demás. El formato, básicamente acústico y apenas interrumpido por alguna distorsión puntual, definió el carácter del show: dos horas y diez minutos de música que pasaron casi sin pausa, sin grandes fanfarrias, sin teloneros, con el público sentado bien cerca, como en un living ampliado.

Quiero detenerme en algo que me parece clave de este regreso y que va más allá de la guitarra: Di Meola eligió para esta gira dos músicos con raíces profundas en el flamenco, y esa decisión se notó desde la primera nota. Fandangos, soleás y rítmica afrolatina convivieron con fragmentos de jazz de fusión, evocaciones mediterráneas y momentos de improvisación colectiva que estiraron varios temas mucho más allá de su forma de estudio. Lo que sonó en La Trastienda, en definitiva, fue la confirmación de un credo que el guitarrista viene predicando desde los ochenta: que el jazz, el flamenco y la música latinoamericana son dialectos distintos de un mismo idioma.

Un programa que recorre cinco décadas

  • Referencias a su época en Return to Forever, el supergrupo que compartió con Chick Corea en los años setenta.
  • Versiones de The Beatles, con In My Life sonando como una declaración de amor a la melodía.
  • Pasajes de Astor Piazzolla, incluido Café 1930, tocado con el respeto reverencial que ya es tradición en Buenos Aires.
  • Un cover de The Sound of Silence, de Simon y Garfunkel, que dejó a la sala en un silencio raro, casi íntimo.
  • Ava's Dance in the Moonlight, dedicado a su hija, y temas propios como Misterio, Infinite Desire y Eden.
“Gracias a Dios estoy de regreso con ustedes, volví a nacer.”Al Di Meola, durante el show, en referencia al infarto que sufrió en Bucarest en 2023

Esa frase la dijo él mismo, en un español cada vez más cómodo, y se la escuché repetir varias veces a la salida, ya en la vereda, mientras la gente pasaba cerca del caballito de bronce que parece mirar hacia la Trastienda como si también quisiera enterarse de qué se trataba tanto aplauso. Yo la terminé de confirmar charlando con un señor grande, de saco y corbata, que me dijo exactamente lo mismo que le habían dicho a él: que verlo parado, con la guitarra colgando, cantando en castellano, era casi un milagro. Y no es una manera de hablar: Di Meola sufrió un infarto en 2023, en pleno tour europeo, y la cadena de shows que tenía previsto hacer en la región, incluida Argentina, quedó suspendida. Volver a poner los pies en Buenos Aires, entonces, no fue un dato de gira: fue literalmente un volver a empezar.

El cierre llegó como todos esperábamos, con Mediterranan Sundance, la pieza asociada para siempre a Paco de Lucía, con el público metido en la canción mediante palmas y teléfonos en alto grabando todo. Ahí vi algo que me emocionó especialmente y que quiero compartir: una chica joven, de no más de veinticinco años, que no paraba de llorar mientras palmeaba, como si recién entonces entendiera por qué su padre le había insistido tanto en venir. No todo fue perfecto: en un tramo Di Meola llamó a su ingeniero de sonido al escenario por problemas con el audio, y algunas improvisaciones se extendieron un poco más de lo que la tensión podía aguantar. Pero esas asperezas, sinceramente, no le quitaron brillo al conjunto: al contrario, confirmaron que lo que estaba pasando era música viva, hecha por personas, no una placa.

Ya en la calle, mientras caminaba hacia Avenida Corrientes dejando que el ruido del tráfico se mezclara con el eco todavía zumbón de los amplificadores, alcancé a escuchar una frase al pasar que me terminó de resumir la noche entera. Un tipo grande, de barba canosa, le decía a su amigo mientras le daba la última pitada al cigarrillo: "Mirá, si este tipo volvió después de lo que le pasó, yo no me puedo quejar de nada". La frase no es textual del show, es textual de la vereda, y me parece la mejor forma de cerrar esta crónica: con alguien del público, no con un artista.

MA
Mónica AguirreCultura y espectáculos

Comentarios

0

Todavía no hay comentarios. Sé el primero.

Seguí leyendo