Una vela mal apagada y el grito de una madre en la madrugada neuquina
Un incendio consumió la planta baja de una casa del barrio La Sirena y la familia se salvó de milagro. Los bomberos trabajaron más de tres horas y los vecinos actuaron antes de que llegaran las dotaciones.

Soy Teresa Leiva y lo que les voy a contar me sacudió cuando lo leí. Pasada la una de la madrugada del miércoles, en Pasaje Petróleo al 850, en el barrio La Sirena de Neuquén, a metros de la Ciudad Deportiva, una casa quedó convertida en un montón de cenizas en su planta baja. Adentro estaban Daiana —es un nombre de referencia que elijo para cuidar la identidad de la protagonista—, su pareja y la hija chica de ambos. Salieron con vida. Esa es la noticia que más importa y, al mismo tiempo, la que más duele, porque cuando una ve el lugar entiende que el margen fue de centímetros.
Antes de que las dotaciones de Bomberos pudieran llegar, los vecinos ya habían entendido la gravedad. En el barrio La Sirena, una de esas zonas de Neuquén donde todos se conocen, alguien alcanzó a ver a Daiana en la vereda, envuelta en una manta, gritando para pedir ayuda. Un hombre tomó una manguera y comenzó a tirar agua sobre las llamas. Otros vecinos se metieron en la casa y retiraron las garrafas que estaban dentro, porque sabían lo que puede pasar cuando el fuego encuentra un cilindro de gas. Después activaron la alarma vecinal, ese sistema casero de cadena humana que tantas veces marca la diferencia entre un susto y una tragedia.
Más de tres horas bajo el humo y el calor
Cuando los bomberos llegaron al lugar, la planta baja ya estaba completamente tomada por las llamas. Era un ambiente chico, lo que suele concentrar el calor y multiplicar la velocidad con la que el fuego se propaga. Trabajaron hasta las cuatro y media de la madrugada. Pudieron evitar que el fuego subiera al piso superior, donde estaban los dormitorios, y que se expandiera a las casas linderas. Cuando se retiraron, dejaron una consigna policial en la puerta.
El personal del SIEN, el sistema de emergencias sanitarias de Neuquén, atendió a la familia en el lugar. Nadie sufrió lesiones físicas. La nena está bien, la pareja está bien. La madre, en cambio, atravesó una crisis de angustia que los paramédicos tuvieron que contener en el momento. Es un cuadro que los equipos de salud mental de emergencias conocen bien: el cuerpo se salva, pero la cabeza todavía no entiende qué pasó. Va a llevar tiempo procesarlo.
Una vela, un hornillo de aromaterapia y un dato que se repite
La causa del incendio todavía está bajo investigación, pero los vecinos que ayudaron en los primeros minutos le contaron a los bomberos que el fuego pudo haberse originado en una vela que no se apagó bien o en un hornillo de aromaterapia. Es una hipótesis, no una confirmación. Lo que sí es seguro es que se trata de un escenario que se repite, y por eso vale la pena mencionarlo: cualquier objeto de llama abierta —velas, sahumerios, hornillos, calentadores a querosén— exige el mismo cuidado que un hornillo de cocina. Si uno se duerme, o si uno sale un momento y vuelve más tarde, el riesgo está ahí.
Mientras los bomberos terminaban en La Sirena, en la misma madrugada les tocó acudir a un segundo llamado: un principio de incendio en una casa de calle Chocón al 2044, donde las llamas afectaron un sillón del living. Fue la propia familia la que dio aviso por prevención, lo que habla de un aprendizaje que, de a poco, se instala: ante la duda, llamar. El fuego se extinguió sin dejar heridos.
A dónde llamar y cómo ayudar
Cuando uno termina de leer una nota así se queda pensando en esas cosas simples que a veces se olvidan. Daiana abrazó a su hija y salió descalza a la calle. Los vecinos de La Sirena se organizaron como pudieron y, sin saberlo, le ganaron minutos al fuego. Los bomberos hicieron el resto. La próxima vez puede ser en cualquier otra casa, en cualquier otra ciudad. Por eso escribo esta columna: para que lo que pasó en Neuquén le sirva de recuerdo a quien me lee en Buenos Aires, en Rosario, en Córdoba o en Mar del Plata. Cuidémonos entre todos. Soy Teresa Leiva, y nos encontramos en la próxima nota.
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