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Viernes, 16 de octubre de 2026
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Valle Salvaje ya es una costumbre de la pantalla: más de 450 capítulos y la pregunta de si habrá una quinta temporada

La ficción española de época sigue sumando capítulos en Netflix con su historia de amores impuestos y secretos de familia ambientada en 1763, mientras sus guionistas dicen que todavía queda cuerda y la cadena todavía no se anima a confirmar la próxima entrega.

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Mónica AguirreCultura y espectáculos · · 3 min de lectura
Valle Salvaje ya es una costumbre de la pantalla: más de 450 capítulos y la pregunta de si habrá una quinta temporada

La verdad es que me pasó algo curioso cuando me enteré de que Valle Salvaje llevaba más de 450 capítulos y ya iba por la cuarta temporada: me acordé de las señoras que se sientan en los bancos de la calle San Martín, a la sombra de la fuente de Lola Mora, y que comentan la novela del mediodía como si fuera un partido de fútbol. Con esa misma naturalidad, miles de espectadores argentinos están tomando esta serie española como parte de la rutina diaria, porque la plataforma la va colgando de lunes a viernes, capítulo a capítulo, como en la buena vieja costumbre de la telenovela.

Yo todavía no había tenido tiempo de engancharme cuando, en una vuelta por el centro, me crucé con una mujer de unos cincuenta y tantos que iba con auriculares y miraba la pantalla del celular con una intensidad que daba envidia. Le pregunté qué estaba viendo y, sin dudarlo, me respondió: "Valle Salvaje, nena, una chica de Madrid que la obligan a casarse con un desconocido y termina en una casona llena de primos y de secretos". Lo dijo con la misma autoridad con la que uno recomienda un buen restaurante de calle Reconquista, y me dejó pensando en cómo esta producción española se coló en la conversación cotidiana acá lejos de su país de origen.

Una heroína que no eligió su destino

La protagonista de esta historia es Adriana Salcedo de la Cruz, una joven de veinte años que, tras la muerte de su padre, se ve obligada a dejar Madrid para cumplir con un matrimonio arreglado del que ni siquiera sabía que existía. Su destino es Asturias, donde la espera un esposo al que tampoco conoce y una familia nueva que la mira de costado. La trama está ubicada en 1763, lo que le da ese aire de corset ajustado y de pasillos oscuros que tanto les gusta a los fans del género, y por eso funciona como engranaje principal del relato: una chica común y corriente arrojada a un mundo que no le pertenece.

Allí, en esa casona asturiana, Adriana convive con su marido, con los familiares de él y con su tía Victoria Salcedo, el personaje que interpreta Sabela Arán y que funciona como una especie de conciencia de la casa. En el medio, la protagonista se cruza con amores que no tenía previstos, con traiciones que duelen como una traición de verdad y con un secreto del pasado que la empuja a investigar la muerte de su padre, una búsqueda que, claro, la pone en peligro. Esa mezcla entre el corazón y el suspenso es, a mi modo de ver, lo que mantiene viva la serie después de cuatro temporadas.

Detras de camaras, la direccion esta a cargo de Miguel Conde, y el equipo de guionistas viene repitiendo en cada presentacion que todavia queda historia por contar, aunque eso, claro, no significa que la cadena ya haya firmado una quinta temporada. Por ahora, lo concreto es lo que se ve en pantalla: capitulos diarios en Netflix despues de su paso por la television abierta española, y un publico que, como me dijo aquella señora en la calle, se sienta cada tarde a acompanar a Adriana en su casona asturiana.

A la salida de la sala donde suelo trabajar, mientras esperaba el colectivo, escuche a dos chicas jovenes discutir si la quinta temporada se confirma o no, y una le dijo a la otra, con la pasion de quien defiende lo suyo: "Yo mientras sigan, yo sigo". Esa frase, me parece, resume mejor que cualquier critica lo que esta ocurriendo con Valle Salvaje: una ficcion que se empezo como una propuesta de epoca y termino convertida en compania diaria para miles de espectadores que, como yo, se sorprenden descubriendola tarde pero llegan igual.

MA
Mónica AguirreCultura y espectáculos

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